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11/08/2020 - 06:50 - Madrid (España)

Combatir el 'hechizo' del cáncer en Mali

El cáncer también avanza en países de bajos ingresos. En Mali, donde solo hay una unidad de radioterapia, Médicos sin Fronteras ha puesto en marcha un programa de oncología y cuidados paliativos

"Desde ese día, mi vida no ha sido más que sufrir y pagar dinero". Así es como Hawa (nombre ficticio), de 40 años, resumió el diagnóstico de cáncer y la odisea médica que la llevaron de su ciudad natal, Tombuctú, a Bamako (Mali)

"Durante el tiempo que pasé dando vueltas y yendo de clínica en clínica y de hospital en hospital me decían que las pruebas eran negativas y que no había nada malo. Cuando finalmente me dijeron que era un tumor, estaba completamente agotada, ya no tenía fuerzas".

Los exámenes médicos, las biopsias y los procedimientos quirúrgicos se apoderaron de su vida desde 2009. Sus numerosas citas médicas le supusieron viajar entre la capital de Mali y su región de origen, en un momento en que esta última se sumía en el caos. Ahora recibe cuidados paliativosy apoyo de los equipos de Médicos sin Fronteras en Bamako donde desde octubre del año pasado trabajan en un nuevo proyecto en colaboración con el Ministerio de Salud de Mali.

El caso de Hawa está lejos de ser único. Todo lo contrario, de hecho. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2018 hubo más de un millón de nuevos casos de cáncer en África. En los próximos años, las enfermedades no transmisibles, en particular el cáncer, podrían convertirse en una de las principales causas de muerte en un continente que ya sufre los estragos de enfermedades infecciosas como la malaria, la tuberculosis y el VIH / sida.

Aunque hay pocos datos disponibles de todo el país, sí contamos con registros de casos oncológicos de Bamako y del distrito vecino de Kati. Según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, hay más de 13.000 nuevos casos de cáncer en Mali, la mayoría de mama y de cuello uterino.

En bambara, uno de los idiomas más hablados en Mali, se emplea la palabra "bô" para referirse al cáncer. No es casual que "Bô" signifique literalmente "maldición" o "hechizo". Por eso, cuando muchos reciben la noticia, acaban recurriendo a curanderos tradicionales. Es cuando el cáncer causa heridas o deformidades cuando muchos pacientes deciden consultar a un médico.

Las creencias tradicionales están profundamente arraigadas y, a pesar de los esfuerzos nacionales para mejorar la atención del cáncer, los casos en los que el tumor remite son todavía escasos en Mali. Más allá de los factores socioculturales y del escaso conocimiento de la enfermedad, para muchos pacientes el traslado médico no solo es extremadamente complicado, sino también queda lejos de alcance de sus bolsillos.

CUELLOS DE BOTELLA 

En Mali, ciertos medicamentos contra el cáncer y tratamientos de quimioterapia y radioterapia son proporcionados gratuitamente por el Estado. Pero todo lo demás (diagnósticos por imágenes, biopsias, consultas, revisiones y chequeos entre cada ciclo de quimioterapia, analgésicos y medicamentos) es de pago. 

Por ejemplo, una simple prueba de escáner puede costar más de 100.000 CFA (unos 153 euros, en un país donde la renta per cápita al mes es de 64 euros). Por otro lado, y debido a que los medicamentos inyectables durante la quimioterapia a menudo están agotados, los pacientes y las familias tienen que adquirirlos por su cuenta.

Con el tiempo, el coste económico se convierte en una carga insoportable para algunas familias y muchos pacientes acaban interrumpiendo el tratamiento. Los trabajadores sanitarios confiesan que expedir recetas a pacientes que saben que no disponen de dinero para adquirir los fármacos es tremendamente descorazonador. 

La enfermera Nathalie Kornfein atiende a una paciente oncológica.MSF | Mohammad Ghannam

Djélika tiene cáncer de mama. Cuando enfermó salió de Costa de Marfil con su esposo Abdoulaye. Seis meses después, luchan para llegar a fin de mes sin ingresos y sin familiares en Bamako.

Djélika recibe quimioterapia en el hospital. Allí le han dicho que necesita un escáner y más análisis para ver cómo está respondiendo el tumor a la quimioterapia y decidir si se ha reducido y se puede intervenir. Pero Djélika y su marido no pueden pagar el coste de las pruebas ahora mismo y han tenido que posponerlas. 

Y el dinero no solo es necesario para las pruebas. Tampoco podían pagar el transporte para ir al hospital y recibir allí cuidados paliativos. Así que Djélika dejó de salir de casa por el estigma asociado a las heridas tumorales.

Ahora, tras comenzar a recibir la visita regular del equipo de Médicos sin Fronteras, Djélika se siente mejor: ha comenzado a acudir al mercado y a participar en actividades sociales. Estas visitas a domicilio son también una oportunidad, un momento para que Djélika comparta sus sentimientos, miedos y preguntas, y se sienta apoyada y escuchada.

Además de los costes prohibitivos, faltan especialistas y unidades específicas. Así, en todo el país hay un solo centro con departamento de radioterapia: el Hospital Mali en Bamako. Como está desbordado por la demanda, los pacientes llegan a esperar meses para su primera sesión.

CUANDO YA NO SE TRATA DE CURAR SINO DE CUIDAR

Las barreras financieras y materiales explican en gran medida por qué la mayoría de los pacientes del departamento público de hemato-oncología del Hospital Universitario Point G de Bamako se encuentran en las etapas avanzadas de la enfermedad. 

Para pacientes con cáncer en estadio III (cuando el tumor se ha diseminado a los ganglios linfáticos o al tejido que lo rodea) o estadio IV (hay metástasis y el tumor primario se ha diseminado a otros órganos) las opciones terapéuticas son escasas o inexistentes

Cuando la remisión del tumor ya no es posible, todo lo que el equipo médico puede hacer es controlar el dolor y la incomodidad de sus pacientes y brindarles apoyo. Ya no se trata de curar sino de aliviar y acompañar. Por eso, en noviembre del año pasado Médicos sin Fronteras comenzó a ofrecer cuidados paliativos y servicios de apoyo gratuitos en el Hospital Point G y en los hogares de los pacientes.

El propósito de estas visitas domiciliarias es doble: por un lado acudir junto al médico que trata al paciente para hacer un seguimiento de la enfermedad y, por otro, controlar la herida tumoral y el dolor. Reducir el sufrimiento es fundamental porque el dolor que padecen los enfermos es muy intenso y puede llegar a ser insoportable. Vivir con tal grado de sufrimiento es una pesadilla.

Bamby, 77 años, es una de las pacientes. Sufre cáncer de mama y padecía un dolor tan intenso que cuando en agosto comenzó la atención no podía hablar. Bamby vivía en la región de Kayes, pero se tuvo que trasladar a Bamako dado que es el único lugar donde puede recibir atención oncológica. De hecho, casi el 70% de los pacientes procede de fuera de la capital.

Junto con el tratamiento del dolor, tratamos también los efectos secundarios de la quimioterapia, afecciones no cancerosas y heridas tumorales. Estas heridas suelen ser grandes, con mucha infección y emiten muy mal olor. Visualmente generan mucha impresión por lo que contribuyen a la exclusión social y al rechazo a los pacientes, incluso por parte de las personas más cercanas. Sin embargo, con seguimiento y unos cuidados de enfermería adecuados, pueden limpiarse y reducirse, lo que para muchos de nuestros pacientes se traduce en un cambio real en su vida diaria.

Afectado por un cáncer oral (un carcinoma adenoide quístico) Mady ya no podía comer y la vista de sus heridas repelía a su familia. Mady solía vender chatarra en Bamako. Contrajo cáncer hace varios años y recurrió a los curanderos tradicionales con la esperanza de curarse a pesar de que su familia intentó convencerlo de que fuera al hospital. Finalmente fue al médico y comenzó la quimioterapia. 

Desde abril recibe apoyo y cuidados paliativos. Hoy, Mady puede volver a interactuar con sus seres queridos, está rodeado de personas que le apoyan y ha vuelto a comer. 

La doctora Djenabou Diallo examina al paciente Mady Dabo.MSF | Mohammad Ghannam

La comunicación con los pacientes y sus familias es una parte esencial del proyecto. Es necesario explicar la enfermedad, establecer una relación de confianza y contemplar cualquier factor que pueda contribuir a hacer que el paciente se sienta más cómodo: desde la cama en la que duerme hasta la dieta. 

Desde que comenzó el programa hace ahora un año, los equipos de Médicos sin Fronteras en Bamako han facilitado 1.750 consultas a pacientes con cáncer. También forman al personal de médico y brindan apoyo al departamento de hemato-oncología en el Hospital Universitario Point G. 

El primer paso ha sido el programa de cuidados paliativos, pero el siguiente pasará por fortalecer la detección y el diagnóstico en una etapa temprana y el tratamiento del cáncer de cuello uterino y de mama.

*SIDY DIALLO es responsable del proyecto oncológico de Médicos sin Fronteras en Bamako.

Fuente: Abc.es

Publicado por Alejandro Juncal Garcia

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