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19/06/2018 - 04:49 - Madrid (España)

El Barça se cura las heridas en el clásico

El conjunto azulgrana vence con claridad al Real Madrid, que mantiene el primer puesto de la ACB

El Barcelona volvió a demostrar que le tiene cogida la medida al Real Madrid. Es el único equipo que ha vencido este año en tres ocasiones a los blancos, a los que castigaron ayer con una derrota severa. Dolorosa por lo abultado del marcador, pero estéril en una clasificación que está dominada con claridad por el equipo de Pablo Laso. Heurtel se erigió en el faro de los azulgranas, cuya intensidad bastó para derribar a un líder sin alma, más pendiente del choque del martes de la Euroliga que de intentar sacar algo positivo del Palau.

Hay factores que viven ajenos al juego, pero que tienen más influencia que cualquier táctica o jugada ensayada. Esa necesidad o deseo de ganar cobra más importancia aún cuando el rival camina distraido o sin motivación. Situación que se vio reproducida ayer en el Palau, donde solo hubo un equipo con hambre de victoria. Y es que, aunque trataba de ocultarlo en la previa bajo un manto de falsa ambición, el clásico le pillaba mal al Real Madrid. Líder holgado de la ACB, una derrota en Barcelona carecía de importancia para los blancos más allá del dolor de caer por tercera vez esta temporada frente al eterno rival. Había que competir, sí, pero sin perder de vista el objetivo prioritario a estas alturas de temporada, que no es otro que la clasificación con ventaja de campo para los cuartos de la Euroliga. Aunque sin quererlo, el duelo del martes en Milán distraía a los blancos, que comenzaron muy mal el choque en el Palau. «¡Diez puntos regalados por empezar flojos!», explotó Laso en su primer tiempo muerto.

Lo había pedido tras un inicio desastroso que había llevado al Barcelona a mandar con autoridad en el marcador (16-6)en apenas unos minutos de juego. La puesta en escena de los azulgranas, con tres hombres altos en pista –Moerman, Tomic y Claver– desequilibró el choque por dentro y obligó al Madrid a mirar hacia el perímetro, donde esta vez no hubo buenas noticias. Apenas un triple en diez intentos durante los dos primeros cuartos (2 de 20 al final del partido), en los que Reyes y Rudy Fernández mantuvieron la compostura para evitar una ventaja más amplia de su rival. La entrada del capitán revitalizó de manera momentánea a un Real Madrid pasivo, que se había visto superado en todas las facetas por el Barcelona. Fue un alivio puntual (30-27, min. 15), sepultado por un parcial de 24-2 a caballo entre el final del segundo cuarto y el inicio del tercero que le puso el partido cuesta arriba (54-29, min. 23).

El enfado de Laso era evidente, porque más allá del acierto de su rival era la falta de actitud propia la que había propiciado la distancia abismal en el marcador. Esa ambición azulgrana la encarna siempre a la perfección Ante Tomic. El pívot, al que el Real Madrid no renovó hace años, sigue dolido con su salida del club blanco y expresa ese rencor en cada clásico. Ayer, el croata fue otra vez una pesadilla para el líder, incapaz de contener el talento ofensivo del pívot del Barcelona. Además de la puntería con el aro, Tomic sacó de sus casillas a Tavares, superado con claridad casi por primera vez en toda la temporada. El africano se quedó pequeño ante el talento del «44»del Barça, lo que llevó a la torre blanca al banquillo durante más minutos de lo habitual.

Si por dentro era Tomic –con la ayuda de Oriola y Claver– el que desesperaba a los blancos, en el perímetro el protagonismo recayó en Pau Ribas. El escolta ha dejado atrás la lesión de rodilla que le dejó sin ir a la selección y sin poder brillar en su primer año de azulgrana. Ha encontrado de nuevo su nivel y lo exhibe en cada partido. Lo hizo en la Copa, donde fue el mejor a pesar del MVP de Heurtel, y lo hizo ayer, con un encuentro para enmarcar que ha llevado su nombre a la libreta de Scariolo.

Incapaz de contener la sangría, Laso optó por repartir esfuerzos pensando ya en el futuro. Apenas jugó Tavares en la segunda mitad y Campazzo dejó su sitio a Randle, que disfrutó de más minutos que nunca esta temporada. Con la bandera blanca ondeando en el banquillo visitante, Pesic no bajó los brazos. Al contrario. El serbio sabe que más allá de su efecto en la clasificación, una victoria contudente puede ejercer un peso psicológico para el futuro. Por eso, insistió a sus jugadores para mantener la intensidad y aumentar la distancia. Paliza sin consecuencias en la clasificación, pero sirve para enterrar la afrenta de la Euroliga hace un par de semanas y deja en el horizonte un hipotético playoff cargado de tensión.

Fuente: ABC / E. V. ESCUDERO

Escrito por Vasilis Aggelakopoulos

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