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22/06/2018 - 11:30 - Madrid (España)

El Real Madrid, campeón de Europa por décima vez tras ganar al Fenerbahçe

Doncic, MVP de la Final Four tras anotar 15 puntos. Causeur, con 17, fue el máximo anotador. Un palmeo de Thompkins, clave para cerrar la victoria

Si la Novena fue la del éxtasis, la del empeño, la que ponía fin a 20 años de sequía continental, la Décima será ya para siempre la del orgullo, la que redondea la colosal obra de Pablo Laso y este Real Madrid tan de leyenda que puede codearse sin rubor con las mejores versiones de su propio pasado. En Belgrado, la Ciudad Blanca, se completó una gesta, pues cuando Felipe Reyes alzó al cielo del Stark Arena la Euroliga volvió el idilio con la gloria, la euforia desatada, el espíritu rebelde de un club cuyo estado natural es el éxito. Ni el influjo de Zeljko Obradovic, ni las ardientes gradas teñidas de amarillo Fenerbahçe pudieron detener la enorme lección del rey de Europa. [Estadísticas del partido]

Llegado a la Final Four ya nadie se acordó de lesiones ni malos farios, de títulos perdidos ni estrellas con rumbo a la NBA. En Belgrado ya sólo había un grupo de guerreros desprendidos de todo ego, entregados a la causa de Laso, a la de ganar una Copa de Europa fuera de España, por si alguien se atrevía a poner alguna duda sobre la de 2015. A finiquitar los fantasmas de Obradovic, a demostrar que no sólo vive de su talento ofensivo ni de sus estrellas más reconocibles. Fue la defensa la verdadera clave de todo el fin de semana, del título número 14 del 'lasismo', y tipos de los que no copan portadas los peones convertidos en reinas, Causeur, Thompkins, Tavares... Y, eso sí, un héroe inopinado. Pues sólo por su precocidad y su dominio de la situación merece ser recordada también como la Euroliga de Luka DoncicMVP de la Euroliga y de la Final Four.

Campeones de Europa!!! La décima se vuelve para casa!!!

No hay nada que produzca más daño a una defensa tan al límite como la otomana que la desarmen cuando ya parece que está todo el trabajo hecho, cuando agoniza la posesión y el lanzamiento resulta forzado pero certero. Para eso hace falta paciencia, fe y talento. Y la experiencia para no desesperar. Logró ese propósito el Real Madrid durante un amanecer que fue ya una temprana tortura para el Fenerbahçe, un mal augurio tras apagarse Duverioglu. Causeur, Ayón, Rudy, canastas imposibles que desarbolaban todos los planes turcos. A continuación, dos triples como puñaladas de Llull y Randolph y el Madrid se desataba, anotando hasta en transición, para un 25-17 que resultó un aviso.

El primer zarpazo al duelo lo había dado el blanco. El que calmó al graderío, el que incendió sus expectativas, el que traspasó el nerviosismo al oponente. Rudy era un titán atrás, donde Tavares ponía la oscuridad a los pívots del Fenerbahçe, pronto cargados de faltas. Y todos menos el limitado Campazzo y Reyes, que lo haría después, habían encestado ya. Evidentemente, hacía falta mucho más para apagar el pulso del campeón. Fue la pareja italiana de Zeljko la que pronto igualó la contienda; Datome y especialmente Melli, qué dos guerreros. La balanza se había nivelado, otra vez el tacticismo, la especulación, el desgaste. Al Madrid le costó ocho minutos atinar con otro triple y tampoco Doncic volvió a anotar desde el amanecer. Sloukas y Wanamaker, por momentos, resultaban incontenibles.

La igualdad era agobiante, así cada detalle iba a contar. La extraordinaria vuelta de vestuarios de Causeur, la respuesta de Melli -acabó con 28 puntos-, el triple con el que Doncic volvía a contar... El Madrid llevaba la iniciativa porque la puntería estaba más de su lado y porque Causeur andaba en vena, 12 puntos en el tercer acto, impecable también en la zaga, su especialidad, contra Sloukas. El galo, un invitado sorpresa a la fiesta. El partido estaba para el Madrid como una tierna rama, a un sutil golpe de ser quebrado (63-55).

Porque su defensa era un manual y sólo Melli respondía para Obradovic. Le ha faltado clarividencia ofensiva a los turcos durante la Final Four, atascados desde el perímetro. La oportunidad se le presentó al Madrid con una antideportiva absurda de Vesely, un tipo de carácter endeble. Le siguió un triple de Carroll, que recordó a aquellos del Palacio en la final de 2015, para estirar la cuerda (71-61), para creer, ahora sí, que la gloria estaba a la vuelta de la esquina, que sólo había que aguantar un poco más. Lo hizo con una pareja interior por la que pocos hubieran apostado, Tavares y Thompkins, que hacían pupa en el rebote ofensivo. Todo parecía de cara: Tavares atinaba con los tiros libres, Doncic taponaba a Wanamaker... Pero el Fenerbahçe, entregado a su aparición en la semifinal, Bobby Dixos, aún apuraría el drama, sin fallo en los últimos ataques, hasta acercarse de nuevo con un triple del propio Ali (81-78). Quedaban 22 segundos y Llull y Doncic estaban ya fuera por faltas. Y Causeur erró los dos tiros libres... Y aquí la jugada de la final, un rebote ofensivo de Thompkins que valía oro puro y un título absolutamente inolvidable.

Fuente: El Mundo / LUCAS SÁEZ  BRAVO

Escrito por Vasilis Aggelakopoulos

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