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18/09/2018 - 19:47 - Madrid (España)

Griezmann viaja en globo

Otro gran partido del francés lanza al Atlético a la goleada ante el Celta. Vitolo fue titular y marcó un buen tanto

No hay persecución posible porque el Barça gana fácil sin papá Messi, pero el Atlético está de dulce. Otro estupendo partido de los rojiblancos, culminado con tres goles ante un buen rival, tan lejos de aquellos días en los que el 1-0 era un tesoro. El Atlético funciona y Griezmann viaja en globo, magnífico el francés en el liderazgo de lo relacionado con el juego.

La guitarra de Bruce Springsteen empieza a invadir la acústica envolvente del Wanda Metropolitano mientras Antoine Griezmann termina de hacer una retahíla de monerías a su hija, Mia, la personita a la que imploran los atléticos para que el mejor jugador de la plantilla siga en este recinto el próximo año. Mia ha empezado el colegio en Madrid y su padre asegura que está feliz con su vida y sus goles en el Atlético. Griezmann ha consumado dos minutos antes del descanso una genialidad, distanciada del fútbol metálico y brioso que propone su equipo.

El francés acaba de quebrar la postura vertical y digna del Celta con una finta deliciosa, el giro de la cadera de izquierda a derecha dentro del área pequeña, Hugo Mallo a la hierba, para imaginar lo imprevisible: gol por la escuadra de Rubén Blanco. Un exquisito bocado tres estrellas en la guía Michelín para un público que trataba de apaciguar la modorra, la densidad de juego que había planteado el Celta y el atasco mental que vivía el Atlético, sin soluciones para traducir en gol su juego dinámico.

Un jugador distinto

Griezmann le hacía carantoñas a su pequeña porque su idea del fútbol tiene mucho que ver con la fantasía y el desborde por imaginación. El Atlético y su entrenador se sienten a gusto con el asalto por avasallamiento, el pase de Koke (que empieza a recuperar el tiralíneas), el galope de Diego Costa y medio equipo enemigo por los suelos. Griezmann deja pasar la pelota entre las piernas para que Vrsaljko la embolse, toca con suavidad por el centro, corre a saltitos y no dispara por costumbre. Piensa primero.

El partido se estrenó sin bravura, impulsado por una correcta interpretación del Celta. Le gusta a la gente de Juan Carlos Unzué salir sin rifar, apretar sin arañar y tocar sin realizar aspavientos. Durante muchos minutos se adivinó un encuentro áspero para el Atlético, cuya capacidad para crear oportunidades dependía de los buenos pases laterales de Vrsaljko y de las ocurrencias de Vitolo. Juego penetrante por las bandas sin mucho éxito, balones a la carrera de Costa y, entre tanto, a esperar la agudeza de Griezmann.

El Celta prometía, pero se descompuso por dos infortunios. Pablo Hernández reclamó un penalti por zancadilla de Giménez y poco después Radoja chutó al palo al coronar otro vertiginoso eslalon de Emre Mor. El turco-danés influyó más que nadie en la intranquilidad del Wanda, sus carreras perpendiculares, la pelota cosida al pie, buen tren inferior para aguantar las cargas... Ninguna de sus intervenciones acabó como merecía, en gol, penalti o similares.

Sucedió que en el Celta cobró auge el genio de Iago Aspas, su tendencia a la protesta o la bronca. Y por ahí lo tiene muy crudo con un equipo como el Atlético, especialista en salir indemne de los jaleos. La bulla condenó al Celta. Olvidó durante muchos minutos su fútbol aseado y limpio.

Compareció de nuevo Griezmann para asociarse con Vitolo en una magistral maniobra. El desmarque del canario, la visión de juego del francés y el toque suave del español para alojar picado el balón en la cazuela. La defensa gallega, destrozada con una maniobra de engaño y distracción. Lo mejor que ha hecho Vitolo en sus dos meses y medio de rojiblanco, por encima de la timidez que parecía haberlo coartado.

No hace mucho la cambiante veleta de la opinión en el fútbol mantenía que el Atlético era un equipo pálido y conformista para buscar goles después del 1-0. Al Celta le hizo tres porque Correa exprimió un rechace y cruzó el tiro para desconsuelo de Rubén Blanco. Resultó sorprendente que el Celta no marcase en el Wanda, pero entre Oblak y la zaga colmaron la otra expectativa existencial del equipo: la puerta a cero.

Fuente: ABC / José Carlos Carabias

Escrito por Vasilis Aggelakopoulos

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