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26/05/2018 - 09:58 - Madrid (España)

Magnates del cobre contra arquitectura del pueblo

Dos oligarcas rusos quieren regalar a Yekaterinburg, una ciudad de los Urales famosa por sus edificios constructivistas, una catedral ortodoxa al estilo del siglo XVI que rompería el conjunto urbano

Andréi Kozitsin y Igor Altushkin, dos oligarcas que controlan la primera y la segunda compañía productora de cobre de Rusia respectivamente, se han empeñado en “regalar” una caprichosa y anacrónica catedral ortodoxa a Yekaterinburg, sin que les importe la opinión de los habitantes (1,5 millones) de esta ciudad de los Urales fundada en el siglo XVIII como centro metalúrgico.

Los oligarcas no solo quieren edificar un templo en estilo del siglo XVI, cuando la ciudad era inexistente, sino que pretenden colocar la iglesia (parecida a la catedral de San Basilio en la plaza Roja de Moscú), sobre una isla artificial, a construir en un popular estanque sobre el río Iset. La isla eclipsaría el estadio Dinamo, una de las obras más emblemáticas del constructivismo ruso, que se alza a las orillas del estanque, cerca del lugar elegido por los “benefactores” para su proyecto.

Contra los planes de los mecenas se han movilizado arquitectos e intelectuales, temerosos de que el “cuerpo extraño” altere la percepción del centro urbano de Yekaterinburg, caracterizado por sus abundantes muestras de la arquitectura constructivista, la tendencia de vanguardia de los años veinte y principios de los treinta del pasado siglo, que en esta urbe se ha conservado como conjunto a diferencia de las muestras más fragmentadas en otras localidades rusas.

De los 140 edificios vanguardista de Yekaterinburg, sólo unos 20 están protegidos, afirma Borís Demídov, uno de los 150 arquitectos que iniciaron una petición en contra del emplazamiento de la nueva catedral. Demídov y sus colegas en Yekaterinburgo y Moscú buscan la forma de tramitar con urgencia la inclusión del estadio Dinamo en la lista del patrimonio arquitectónico protegido de la UNESCO.

Juntos y por separado, Kozitsin y Altushkin han financiado la construcción de decenas de iglesias en Yekaterinburg y también en otros lugares, Chechenia y Londres incluidos. La catedral proyectada en Yekaterinburg tiene el apoyo del gobernador de la provincia y del alcalde de la ciudad. Los holdings controlados por los mecenas poseen terrenos propios en la ciudad y, por su patrimonio, la Iglesia Ortodoxa rusa local puede equipararse a “cualquier gran empresa inmobiliaria”, afirman fuentes locales. Pero, para la catedral quieren el estanque.

Los oligarcas han formado la sociedad de la iglesia de Santa Catalina en recuerdo del templo demolido en época comunista que, con ese nombre, fue el primero que se edificó en Yekaterinburg en el siglo XVIII. Las obras se comenzarán en 2017 para poder estrenar el local en 2023, coincidiendo con la conmemoración del 300 aniversario de la fundación de la ciudad. El coste del edificio será de unos 100 millones de dólares (unos 95 millones de euros), afirma el constructor Vladímir Puzankov, director de la sociedad Iglesia de Santa Catalina. El templo, de 65 metros de altura, 500 metros cuadrados de superficie y capacidad para 2000 personas, estará forrado de mosaico y requerirá por lo menos diez años de trabajo para estar totalmente listo. La isla, de 1500 metros cuadrados, quedará unida por puentes a la orilla del estanque, y es el “elemento innovador” del proyecto, según Puzenkov.

Excepto el nombre, la catedral proyectada por los oligarcas nada tiene que ver con la iglesia original que estaba emplazada en otro lugar (hoy la plaza del Trabajo), donde las autoridades eclesiásticas ortodoxas querían reconstruirla en 2010, antes de verse disuadidas por las manifestaciones de protesta de la ciudadanía.

Kiozitsin y Altushkin debaten sus planes con los eclesiásticos ortodoxos, los arquitectos y los funcionarios regionales, pero rehúyen el diálogo con sus conciudadanos. Los habitantes de Yekaterinburg, preocupados por el efecto distorsionador de la catedral, han fundado un comité para defender el estanque y el estadio, después de que unos fornidos provocadores “reventaran” recientemente un debate público sobre el tema. El periodista Yuri Glazkov, activo oponente de la construcción, ha sido despedido de su trabajo en el periódico Uralskii Rabochii, perteneciente a un holding controlado por la administración provincial. Glazkov atribuye su despido a su postura cívica.

“La administración municipal y regional, con problemas de presupuesto, no se atreve a contrariar a los caprichosos oligarcas, porque dependen de su voluntad de contribuir a los proyectos sociales”, afirma un funcionario municipal que prefiere mantener el incógnito.

Hace un año, la administración regional arrebató las competencias urbanísticas al municipio, lo que, según estas fuentes, fue la venganza de un constructor-diputado regional que había tenido conflictos con el municipio.

“Los dos benefactores no quieren sólo una iglesia, sino una iglesia especial y la quieren sobre el agua porque no ven un lugar mejor. En el pasado se consideraba que la mayoría tenía la razón. Ahora vivimos en otra sociedad distinta, donde la razón no la tiene la mayoría, sino la minoría que tiene talento y concentra dinero, pero resulta que no estamos preparados para respetar las decisiones de esta minoría”, dice Puzenkov. “Los benefactores son gente que siempre consiguen sus fines, tanto en la beneficencia como en el negocio”, añade.

La arquitectura de vanguardia del constructivismo acompasó la industrialización acelerada de Sverdlovsk (así se llamaba Yekaterinburg en época comunista), que de 1923 a 1934 fue la capital de la región de los Urales, un enorme territorio de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados. A desarrollar aquella capital las autoridades soviéticas en Moscú enviaron brigadas de arquitectos formados en las tendencias de vanguardia de la época, como Bella Shefler, que estudió y trabajó en la Bauhaus, en Alemania. En 1931, cuando los nazis arremetieron contra esa escuela de arquitectura, Hannes Meyer, director de la Bauhaus entre 1928 y 1930, se trasladó a Moscú donde impartió clases a los jóvenes arquitectos soviéticos.

La proyectada catedral está en las antípodas del estilo lacónico y geométrico de edificios como la Casa de la Prensa, la sede de Correos, y la llamada “casa de los Chequistas”, esta última con su característica fachada semicircular. Estos edificios son algunas de las joyas del constructivismo de Yekaterinburg, que jalonan la avenida Lenin, como sigue llamándose la principal arteria de Yekaterinburg.

El estadio Dinamo fue construido por el arquitecto Veniamín Sokolov, que lo planifico en1931 y lo concluyó en 1934. Es un complejo deportivo multiuso destinado inicialmente a deportistas de los cuerpos policiales y de seguridad. Por su forma y su fachada, el estadio evoca un barco con la proa hacia el estanque. Los arquitectos que se oponen al proyecto, entre ellos Vladímir Kaganóvich, aseguran que los promotores de la catedral han minimizado deliberadamente el impacto real que tendrá. Además de impactar en la silueta global, la catedral rebajará la importancia de la iglesia sobre la Sangre, construida en 2003 en memoria del zar Nicolás II y su familia, asesinados en Yekaterinburgo en 1918.

“El centro de Yekaterinburg está ya saturado de iglesias, que se vayan si quieren a restaurar las que fueron destruidas de los pequeños pueblos donde la gente se siente abandonada. Los hay a montones a pocos kilómetros de Yekaterinburg”, dice el director de teatro Nikolái Koliada, que también se ha sumado a la protesta.

EL CONSTRUCTIVISMO Y LA IDENTIDAD URBANA

La actitud de los ciudadanos de Yekaterinburg ante los edificios constructivistas que los rodean ha cambiado radicalmente en pocos años. De la indiferencia o ignorancia reinante hace pocos años, el constructivismo ha pasado a formar parte de la identidad de la ciudad, afirma el arquitecto municipal Timur Abdullaiev, que atribuye esta evolución a los esfuerzos para popularizar ese estilo.

Hoy son numerosas las excursiones guiadas por excelentes profesionales que realizan rutas constructivistas por la ciudad, entre las que destaca el paseo por el distrito industrial de Uralmash, totalmente planificado en ese estilo. En la primavera se inaugurará el primer museo instalado en una vivienda constructivista tipo (dos niveles y 32 metros de superficie) en el edificio Dom Uraloblsovet, de los arquitectos Moisei Ginzburg y Aleksandr Pasternak.

Dmitri Moskvin, politólogo y organizador de excursiones urbanas, considera paradójico que el oligarca Altushkin, el más ferviente partidario de edificar la catedral en estética desfasada, ha encargado la nueva sede de su empresa productora de cobre al arquitecto británico Norman Foster. “La tarea medieval que resuelven esos oligarcas es demostrar de forma simbólica que ellos son los dueños aquí y hacen lo que quieren”, dice Moskvin, y añade. “Se trata de un gran desafío para la ciudad”.

Fuente: Diario El Paìs

Escrito por Alejandro Juncal Garcìa

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