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15/08/2018 - 11:01 - Madrid (España)

Rusia amenaza con una nueva guerra en Georgia

El Kremlin advierte de que si Tiflis intenta entrar en la OTAN, ocasionará un "terrible" conflicto Moscú sigue marcando el paso a la política exterior de ex república soviética

"Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera". La frase con la que León Tolstoi arranca 'Ana Karenina' funciona al contrario en el espacio postsoviético: cada república ha avanzado de modo distinto, pero las que han embarrado en la guerra civil lo han hecho tras una invasión cortesía de Moscú. Georgia todavía mira de reojo a Rusia diez años después de la guerra. En abril de aquel 2008 la OTAN señaló a Ucrania y Georgia como futuros miembros de la alianza, aunque evitó darles el estatus y el plazo que otorga a los candidatos. Ese mismo verano Rusia metió sus tanques y aviones en suelo georgiano para abortar la intervención militar que el entonces presidente, Mijail Saakashvili, había lanzado contra dos regiones separatistas, Abjasia y Osetia del Sur. Moscú reconoció la independencia de estos territorios, que hoy son un 'cuerpo extraño' encapsulado en alambres de espino dentro del territorio de Georgia. Así se interrumpió el sueño atlantista, ensayando un guión que se repetiría en 2014 en Ucrania: deriva europeísta, invasión rusa, guerra civil y freno a las ambiciones de alejarse de la órbita de Moscú. Bajo las reglas de la OTAN, los países con conflictos territoriales no deben unirse a la alianza.

Igual que en Ucrania, el ingreso en la OTAN se ha convertido desde entonces en un objetivo estratégico para Georgia, pese a las reiteradas advertencias de Moscú al respecto. La última amenaza acaba de producirse: la entrada de Georgia en la Alianza Atlántica "puede provocar un conflicto terrible", ha dicho el primer ministro de Rusia, Dimitri Medvedev, que era presidente del país durante la invasión de aquel agosto de hace una década. "La ampliación de la OTAN es una amenaza directa para la Federación Rusa, es un reto evidente, la reciente decisión de que Georgia es bienvenida y se incorporará a la Alianza del Atlántico Norte refleja una postura absolutamente irresponsable, es una amenaza a la paz", expresó Medvedev.

"Desde el comienzo de la restauración de la independencia de Georgia, a comienzos de los años noventa, Rusia intenta castigarnos", lamentaba el miércoles el presidente georgiano, Gueorgui Margvelashvili. Georgia declaró en mayo que espera ingresar en la Alianza Atlántica hacia el año 2021. La independencia de Abjasia y Osetia del Sur ha sido reconocida, además de por Rusia, por Nicaragua, Venezuela, Nauru y, desde 2018, por Siria.

"Si cualquier otro país afirma que son parte de su territorio nacional, esto puede tener graves consecuencias", avisa el primer ministro ruso. Pero en Georgia no fue Rusia la que disparó primero. La decisión de Moscú de intervenir militarmente se produjo después de que el Ejército georgiano entrara arrasando en el territorio controlado por los separatistas de Osetia del Sur con el objetivo de "restablecer el orden constitucional". Saakashvili pensó que como futuro país de la OTAN debía tener en orden su patio trasero, así que en la noche del 7 al 8 de agosto de 2008 las tropas georgianas penetraron en la pequeña Osetia del Sur, con apenas 30.000 habitantes, con el objetivo de restablecer el control sobre la región y con el argumento de que había que actuar con inmediatez porque Moscú se estaba preparando para ocupar militarmente el territorio. Rusia respondió con ataques aéreos contra objetivos militares georgianos y desplegó sus tropas en Osetia del Sur. La operación fue catalogada por el Kremlin como "imposición de la paz". En la práctica expulsó a los georgianos de la región, y así sigue hasta la fecha. Las fuerzas rusas penetraron en territorio de Georgia tanto desde Osetia del Sur como desde la también secesionista Abjasia, y llegaron con sus tanques hasta la ciudad de Gori, ciudad natal de Stalin situada a sólo 75 kilómetros de la capital, Tiflis.

Igual que en Ucrania, la capacidad de reacción y de asumir riesgos de Rusia fue minusvalorada. En su libro 'Who Lost Russia' el periodista Peter Conradi cuenta cómo a lo largo de los años el presidente George W. Bush "vio cambiar a Vladimir Putin" y supo que era gracias al alza del precio del petróleo: "En su primera reunión en 2001 se vendía el barril a 26 dólares y Putin seguía preocupado de pagar la deuda". Pero cuando se vieron por última vez en abril de 2008 "el barril ya estaba por encima de 100 dólares". En julio, costaba 145 dólares: el petróleo "se le había subido a la cabeza" a Putin, dice Conradi. Un mes después las tropas rusas salían de su frontera en la mayor operación desde que la URSS luchó en Afganistán.

Durante esos cinco días, las dos partes libraron unos enfrentamientos que se saldaron con más de 500 georgianos muertos (la cifra todavía se discute) y casi 200.000 desplazados, 20.000 de los cuales siguen fuera de sus casas. Rusia es el principal valedor de los dos estados fallidos de Abjasia y Osetia del Sur. Pero la apuesta por acercarse a EEUU sigue, acogiendo ejercicios militares que han movilizado a más de mil efectivos estadounidenses. Moscú critica que Washington busque zonas de influencia tan lejos de su territorio y tan cerca de las fronteras rusas. Pero Rusia hace lo propio con las dos regiones separatistas. "Los recuerdos de guerra de ambos lados minimizan las posibilidades de reconciliación", admite el analista Irakli Sirbiladze, que cree que el fuerte apoyo a Rusia se debe principalmente a que Moscú reconoció la independencia de Abjasia y la región de Osetia del Sur pero también a que ambos territorios "dependen en gran medida de Rusia en términos de economía y seguridad". La negativa de Georgia a reconocer esa frontera separatista ha permitido que Moscú la haga avanzar, cortando fincas por la mitad.

Tras la guerra, Tiflis rompió relaciones diplomáticas con Moscú. Pero hoy las cosas han cambiado. Algunos productos georgianos muy populares entre los rusos, como el vino y el agua mineral, vuelven a venderse en Rusia. Y hay contactos discretos entre ambos países. Todo ello gracias en parte a que Saakashvili perdió el poder a favor del partido Sueño Georgiano, que gobierna el país desde 2012. Tamar Khulordava es una de las diputadas de este partido, y ha desayunado estos días con las nuevas 'advertencias' de Moscú: "Estas declaraciones son muy desagradables, pero no son nuevas ni demasiado sorprendentes. Su objetivo es contrarrestar el fuerte apoyo de la sociedad georgiana a la integración de la OTAN mediante la intimidación y el miedo", explica a EL MUNDO. Para esta ex ministra las declaraciones de Rusia "dejan todavía más claro que formar parte de la OTAN es la única garantía para la paz de Georgia".

Diez años de tensión

A principios de los noventa, cuando se produjo la desintegración de la Unión Soviética, Georgia se independizó de Moscú. Tras tres años de violencia esporádica, Rusia, Osetia del Sur y Georgia firmaron en 1992 un acuerdo de alto el fuego.

El gobierno georgiano se indignó por el fortalecimiento de los lazos entre Rusia y Osetia del Sur en abril de 2008. A Moscú le molestaba la ambición de Tbilisi de acercarse a la OTAN y a la Unión Europea.

Los enfrentamientos entre las tropas georgianas y las fuerzas separatistas estallaron a principios de agosto de 2008. En el lado separatista también había fuerzas de paz rusas. Los tanques rusos entraron en Osetia del Sur con el pretexto de ayudar a sus ciudadanos, pues muchos osetios tenían ya pasaporte ruso.

Human Rights Watch concluyó que todas las partes "cometieron numerosas violaciones de las leyes en situaciones de guerra" durante el conflicto.

Fuente: Elmundo.es / XAVIER COLÁS

Escrito por Vasilis Aggelakopoulos

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