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21/11/2019 - 09:23 - Madrid (España)

SLAVIA - BARCELONA (1-2) : El Barça sólo sobrevive en Praga

Entre Ter Stegen, decisivo en tres paradas, y Luis Suárez, con la colaboración de Olayinka, libran a un Barça desconcertante

Un partido tan retorcido e incongruente debía tener un desenlace a la altura. Caminaba el Barcelona cada vez más apurado, cada vez más temeroso ante el decidido avance de los jornaleros del Slavia, aún más envalentonados tras batir por fin al celestial Ter Stegen y atrapar el momentáneo empate. En ésas emergió Luis Suárez. Sí. El delantero centro titular que lleva más de cuatro años sin marcar fuera de casa en Champions. El mismo que estaba completando un partido más que decepcionante. Pues fue Suárez quien aguardó en el segundo palo al envío de Messi. Y el que aprovechó que Olayinka, no satisfecho con su primer rechace, era quien acompañaba con el pecho el balón que había rescatado el uruguayo sobre la línea de fondo. Más que un alivio en un torneo capaz de sacar el lado más extremista del Barça. Casi siempre para mal. [Narración y estadísticas: 1-2]

Siendo Praga una ciudad-museo en la que es bien sencillo interiorizar algunos de los muchos miedos de Kafka -aunque sean inyectados en vena-, el estadio del Slavia, de nombre Eden, sólo podía contribuir al absurdo. Faltaría más. Los periodistas accedían al recinto por la puerta de un McDonald's, entre cajas de hamburguesas y patatas fritas. Unos pasillos más allá, sin embargo, se abría una atmósfera aún más perturbadora. Ya fuera por la bruma, siempre importante en los cuentos góticos y que se colaba por la techumbre de madera que cubría la grada, ya fuera porque sobre el césped ya asomaba un puñado de futbolistas checos que parecían dispuestos a dejarse la vida por el fútbol. Así lo exigían sus hinchas.

Ya podía la niebla caer sobre Praga. Ya podían los animosos jugadores del Slavia rebelarse frente a ese Barcelona durante tantos tramos desconcertante que debió imaginar que con marcar al alba gracias al robo y toque de Messi, podría subsistir sin más. Pero si alcanzó la supervivencia fue, otro vez, gracias a su portero. La incidencia de Ter Stegen en su equipo es tal que los milagros dejaron de ser milagros, sino episodios de lo más rutinarios. Hasta tres veces libró a los suyos del azote. El meta, que caía hacia un lado, dejó suelto un pie de hierro para negar a Zeleny. Resistió también en el corazón de su guarida antes de negar a Masopust. Y su manopla también sirvió para que Olayinka mirará al suelo, nunca al cielo.

PERDIDOS EN EL LABERINTO

El partido se dibujaba en un laberinto por donde los futbolistas de Valverde iban desorientándose a medida que avanzaba la noche. Quizá porque aceptó, quien sabe si de manera consciente, entrar en el plan de juego propuesto por Trpisovsky, técnico que en seis años ha pasado de servir copas en una discoteca a emular en cuerpo, gorra y alma a Jürgen Klopp. Los centrocampistas azulgrana sufrían la presión rival -Arthur perdía balones comprometidos, De Jong pagaba el desorden grupal-, por lo que el Barcelona sólo podía esperar a que Messi insistiera, a que Luis Suárez rematara con más tino, o a que Ter Stegen fuera salvando las desconexiones de Piqué.

Después de que el Slavia inaugurara el segundo acto atravesando la garganta de su rival -a Boril, el lateral zurdo, se le abrieron los cielos-, el Barcelona se sacudió de repente sus demonios gracias a que Suárez no quiso quedarse de brazos cruzados ante su malditismo. Aunque concluyera el Barça el partido encerrado en su área y rogando por el final. Fue una imagen angustiosa. Hasta 22 veces remató el Slavia.

Con siete puntos en las tres primeras jornadas y el liderato a buen recaudo, el camino continental vuelve a quedar aclarado. Aunque con la confusión como compañera de viaje. Fue como escuchar en la noche de Praga un grito entre fantasmas, como el poema del Nobel checo SeifertY cada día encontramos a alguien que involuntariamente nos pregunta sin abrir siquiera la boca: ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Y qué viene después?». El Barça sigue sin saberlo.

Fuente: El Mundo.es

Publicado por Alejandro Juncal Garcia

#memolamadrid

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