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20/11/2018 - 12:13 - Madrid (España)

Un infatigable 'ejército' de trabajadores y voluntarios para rescatar a los niños atrapados en la cueva de Tailandia

Ingenieros, militares, buceadores locales y extranjeros, médicos, cocineros, masajistas, traductores, conductores, periodistas, buscadores de nidos de golondrina y hasta un reverenciado monje budista. Todas estas manos -y muchas otras más- forman parte del ejército de trabajadores y voluntarios que, desde hace dos semanas, se da cita a las puertas de la cueva de Tham Luangpara poner su granito de arena en las tareas de búsqueda y rescate de los 12 menores y su entrenador atrapados en su interior, unos esfuerzos que este domingo se vieron recompensados con la liberación de cuatro de los niños.

Nada más conocerse la noticia de su desaparición el pasado día 23, decenas de vecinos de las comunidades más cercanas comenzaron a organizarse para apoyar a los encargados de la operación de búsqueda en la gruta. Además de comida, muchos donaron dinero para respaldar a los familiares de los menores con el pago del alquiler y los gastos del día a día, ya que la mayoría de ellos dejó de trabajar para seguir a pie de gruta las noticias sobre el estado de sus hijos.

No tardaron en unírseles voluntarios procedentes de otras partes del país. "Vi a las madres de los críos en televisión y se me partió el alma. Tenía que hacer algo al respecto", aseguró hace días a la BBC el buceador y traductor voluntario Rafael Aloush, procedente de la provincia de Udon Thani.

Todos ellos se pusieron pronto al servicio de los hasta 1.300 militares tailandeses enviados al lugar, un contingente al que pronto se sumaron buceadores y especialistas en este tipo de operaciones de ocho países difererentes (EEUU, Australia, China, Japón o Alemania, entre otros). Fueron precisamente dos de esos extranjeros, los británicos Rick Stanton y John Volanthen, los primeros en llegar hasta los niños y comunicarse con ellos hace justo una semana.

El hallazgo de los menores fue todo un chute de energía positiva para los cientos de personas presentes en el campamento, que ya se temían lo peor después de nueve días sin tener noticias de los pequeños. "Cuando supimos de las buenas noticias, nos sentimos como en una película. Me dan escalofríos cuando pienso en ese momento y pienso que trabajar tan duro puede ofrecer un resultado tan positivo, porque no siempre es así", relató hace unos días la capitana de las Fuerzas Aéreas de EEUU, Jessica Tait, a The Guardian.

En busca de una fisura en las rocas

Tras el alivio inicial, pronto surgieron las preocupaciones ante las dificultades existentes para sacar a los niños y su entrenador, lo que no impidió que la gente siguiera arrimando el hombro para colaborar en un campamento sorprendentemente bien organizado dadas las circunstancias.

De forma pasiva lo hicieron los agricultores cuyos terrenos se localizan en las inmediaciones de la gruta, que vieron como el agua bombeada desde el interior para despejar el camino a los pequeños anegaba sus cultivos y amenazaba a sus aves de corral. "Con la agricultura podemos ganar dinero de nuevo. Pero 13 vidas no son algo que podamos crear", aseguraba el jornalero Lek Lapdaungpoin, orgulloso de su pequeña pero significativa contribución contra el agua, principal enemigo de la operación de rescate.

Un rol más activo tomó el equipo de ocho buscadores de nidos de golondrina, una exquisitez culinaria en la región cuya recolección en grietas inaccesibles en las montañas requiere de una gran pericia y precisión. "Pensamos que nuestra experiencia escalando para recoger estos nidos durante generaciones podría ayudar", aseguró uno de ellos, Abdulrawheep Khunraksa, a France Press, en un momento en el que los trabajos también se centraban en localizar una fisura en las rocas que permitiera llegar hasta la caverna que acogía a los niños.

Mientras, desde diferentes partes del mundo han ido llegando mensajes de apoyo a los menores y sus rescatistas, como los lanzados por alguno de los 33 chilenos atrapados en una mina en 2010, otro del futbolista Cristiano Ronaldo o incluso uno del monarca tailandés, Maha Vajiralongkorn, que en un inusual gesto alabó las muestras de "dedicación y sacrificio" dadas por todos los presentes en la cueva.

Sea limpiando o cocinando, buceando o escalando, los allí presentes se pueden jactar de haber contribuido a que cuatro de los muchachos estén hoy ya a salvo de su cautiverio, un final que todos esperan que se repita para los que han quedado detrás.

Fuente: El Mundo / ISMAEL ARANA

Escrito por Vasilis Aggelakopoulos

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